¿Es viable establecer una moneda única en el Mercosur?

Lula de Silva y Fernández hicieron el anuncio durante su reciente encuento en Buenos Aires./ Foto: Cortesía Presidencia de Argentina
Lula de Silva y Fernández hicieron el anuncio durante su reciente encuento en Buenos Aires./ Foto: Cortesía Presidencia de Argentina
El anuncio de Argentina y Brasil de crear una moneda única deja más dudas que certezas
Fecha de publicación: 14/02/2023

El anuncio de crear una moneda única que ampare las transacciones comerciales del Mercosur, dado a conocer a finales de enero por los presidentes de Argentina y Brasil, ha sido fuertemente criticado por analistas y expertos en la materia, se argumenta que la propuesta enfrenta demasiados obstáculos como para llegar a concretarse con la premura que sus proponentes aspiran.

La propuesta, formulada por Luis Inácio Lula de Silva y Alberto Fernández, previo a la reunión de presidentes y jefes de Estado de la Celac (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños), aparentemente marcó el inicio de conversaciones entre las dos grandes economías suramericanas para crear, en esencia, una moneda que rija los procesos comerciales entre ambas naciones, pero que a la distancia sería extendida a todos los países integrantes del Mercosur.

La tarea de crear esta moneda única no será sencilla: aunque se tienen pocos detalles del funcionamiento del idílico instrumento, se trataría de una tercera moneda que conviviría con el peso argentino y el real brasileño, una cohabitación que varios analistas consideran de poca ayuda para el fortalecimiento de las economías nacionales y de los intercambios fronterizos.

 

 

De ideologías y economía  

De acuerdo con lo expresado por Lula da Silva, la nueva moneda vendría a evitar la dependencia del dólar, lo que a decir de algunos analistas tiene más relación con una estrategia geopolítica e ideológica que con un planteamiento económico real, como demandaría una política sólida para afianzar las bases de una moneda común.

“Si lo que se busca es crear una moneda para que se comercialice sin tocar el dólar, creo que no será de mucha ayuda”, señala Henkel García, director-fundador de la consultora financiera Albusdata.

García recuerda además que los dos socios proponentes no atraviesan los mejores escenarios y carecen de la seriedad fiscal y política que tal propuesta requiere.

Apenas calmándose la turbulencia que su elección produjo, Luiz Inácio Lula da Silva encuentra un Brasil muy distinto al que dejó en su primera presidencia. El real ha perdido casi la mitad de su valor, desde 2014, hasta hacerle llegar a una tasa de cambio que para este 30 de enero marcaba 5,12 reales por dólar, mientras que la inflación se mantuvo en 2022 casi en los mismos niveles del año anterior (el segundo de la pandemia) y cerró en 5,9 %.

En tanto, en Argentina las aguas de la política hace bastante que se mantienen agitadas, y ese agitación ha sido una de la causas de una crisis económica callada pero sin pausa que ha llevado al país a ser el segundo de mayor inflación en la región (94,8 % en 2022), mientras que la divisa estadounidense sigue su tendencia al alza y cerró este 30 de enero en 186,60 pesos por dólar.   

“Ambos países se caracterizan por tener problemas para mantener el orden fiscal y monetario que precisa establecer una moneda única”, acota García, cuya opinión concuerda con la de Gabriel Oddone, doctor en economía y profesor de la Universidad de la República de Uruguay, quien comentó recientemente que sin mercados (de bienes, de trabajo y financieros) e instituciones fiscales integradas, la idea de una moneda única cuando menos es "ridícula”.


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Sin sustento 

“Lo que se conoce de esta propuesta no es propiamente la creación de una moneda única que circule en ambos países, sino una tercera moneda en paralelo con el real y el peso para profundizar la integración comercial de los dos miembros fundamentales del Mercosur”, comenta el economista venezolano y especialista en finanzas internacionales Leonardo Vera, para quien la idea lanzada es apenas el principio de un largo recorrido que podría, de llevarse bien las cosas, en una moneda única a largo plazo.

Su colega, la economista argentina Diana Mondino, opina algo similar, asegurando que por ahora, el anuncio no pasa de ser un titular de prensa. "Si es una moneda virtual, no va a tener uso", dijo en una conversación vía streaming con el analista Marcelo Trovato, al tiempo de recordar que las grandes asimetrías entre Brasil y Argentina hacen difícil poder mantener la estabilidad de una moneda binacional.

"Harían falta décadas para poder armonizar políticas fiscales, monetarias, previsionales, laborales y otras. El flujo de bienes tendría que ser muy dinámico, y eso es algo que ha dejado de ocurrir, porque Brasil está produciendo lo que antes importaba de Argentina", acotó la economista.

Para defender su postura de que la relación de complementariedad que existió entre ambos países al inicio del Mercosur se ha distorsionado, la directora de Asuntos Institucionales de la Universidad del CEMA recuerda que el déficit comercial argentino, respecto a su vecino, es de 3.600 millones de dólares. Esto implicaría que para allanar esa brecha sería preciso que Brasilia, en tenencia de la moneda común, quisiera vender 'sures' a Buenos Aires, que deberá quemar más dólares para comprarlos. En pocas palabras, la brecha, en lugar de achicarse, se ensancharía. 


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El 'sucre' vs el 'sur'

Los intentos por establecer una moneda única en América Latina no son nuevos. Hace apenas una década atrás, los países de la llamada Alianza Bolivariana para las Américas (ALBA), formalizaron una propuesta hecha por el fallecido Hugo Chávez y adoptaron el "sucre" como moneda de transaccional entre ellos, con la esperanza de convertirla alguna vez en dinero real a imagen del euro. 

El sucre sirvió básicamente como unidad de cuenta pero no como moneda de libre convertibilidad, marcando el valor para el pago de ciertas transacciones entre los países aliados, pero que terminó en desuso tras la crisis económica que sacudió (y sigue sacudiendo) a Venezuela, que junto a Bolivia fueron las naciones que más uso hicieron del mecanismo.

No obstante, el 'sur' (como se ha denominado a la moneda) no tiene que ser una moneda física, sino que puede ser una moneda de asientos contables que incluso puede ser de libre convertibilidad en cada país, si así lo establece el banco central local, aclara Vera.

Y es aquí donde habría otro gran problema: establecer las paridades cambiarias, algo que puede ser bastante complicado en particular para Argentina, por la alta inflación que padece la economía austral y las dificultades que se tiene para el acceso a un mercado de divisas con varios tipos de cambio.

Aunque reitera que, al menos por ahora, no ve mayores ventajas de establecer una moneda única en el bloque, Henkel García estima que en las actuales circunstancias serviría de “válvula de escape” para los exportadores argentinos, pues les permitiría superar los escollos que causa el limitado acceso a divisas. Sin embargo, reafirma que en todos los países de la región persiste la convicción de refugiarse en el dólar como moneda transaccional.


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Algunas cifras

Durante el 2021, el comercio a lo interno del Mercosur movilizó en conjunto un total de 41.000 millones, cifra que se traduce en un aumento de 42 % respecto a los datos del ejercicio anterior y de 24 % con relación a 2019.

El bloque comunitario señala que esos valores son los más altos alcanzados desde 2014 y se explica, fundamentalmente, por el intercambio de bienes de alto valor agregado.

Respecto al intercambio comercial del bloque con el resto del mundo, 2021 marcó otro récord al alcanzar los 598.000 millones de dólares. Las exportaciones del Mercosur fuera de la zona también alcanzaron una cifra récord de 339.000 millones de dólares en ese mismo año, un incremento de 35 % frente a los números de 2020 y de 26 % al compararse con 2019.

Al referirse a las importaciones fuera de la unión, el informe del organismo destaca que alcanzaron el nivel más alto de los últimos siete años, al registrar un alza de 39 % interanual y superando en 18 % los niveles de 2019.  Esto permitió al bloque alcanzar un superávit en la balanza comercial de 79.000 millones de dólares, alcanzando el valor más alto desde la constitución del bloque en 1991.

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