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Nayib Bukele, presidente de El Salvador /Archivo
Nayib Bukele, presidente de El Salvador /Archivo

El Salvador busca regresar a un equilibrio de poderes

Tras la irrupción en la Asamblea Legislativa de las Fuerzas Armadas, el país se cuestiona los mecanismos legales para restringir el poder de un presidente que cuenta con altos niveles de popularidad
por Ana Karen de la Torre
publicado el18/02/2020

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Nayib Bukele ingresó a la Casa Presidencial salvadoreña con una mayoría absoluta de la votación (53,8 %) como el segundo presidente más votado de la historia del país. Pero su organización política, la Gran Alianza por la Unidad Nacional (GANA), electa un año antes, apenas alcanzó 10 de los 84 escaños de la Asamblea Legislativa. Aunque la pugna de poderes inició desde el día uno de su toma de posesión, como dinamita, la confrontación máxima entre el Legislativo y el Ejecutivo sucedió el pasado domingo 9 de febrero por la tarde, cuando Bukele sentado en la silla de Mario Ponce, presidente de la Asamblea Legislativa, rodeado de militares, al frente de un quórum semivacío, pronunció “está claro quién tiene el control aquí”.  

Esa tarde Bukele, que es tan solo ocho años mayor que la democracia del país, ingresó al recinto legislativo con el ejército y con policías; era un escenario avisado. El Ejecutivo, “harto de evasivas”, de acuerdo con la justificación presidencial, convocó mediante el Consejo de Ministros a una plenaria extraordinaria para que al fin se discutiera la autorización a Bukele de pedir un préstamo al Banco Centroamericano de Integración Económica, de 109 millones de dólares, para continuar con la tercera fase de su plan de seguridad. Un día antes de la cita plenaria, la Fuerza Armada ya había lanzado un comunicado: “serviremos a la nación y seremos obedientes al presidente y comandante general de la Fuerza Armada”, expresó René Francis Merino, ministro de Defensa.

A la convocatoria de la plenaria solo asistieron 28 diputados, por supuesto que entre ellos estaban los 10 de GANA, la fracción parlamentaria oficialista. 

En el ajedrez el ejército de cualquier país de la región sería la pieza llamada reina y como rey podría colocarse al Poder al que le concede su respaldo. Hace unos meses Bolivia desató el debate internacional de un Golpe de Estado por el pronunciamiento, a manera de sugerencia, de su ejército contra Evo Morales y hoy, una conducta muy sui generis del ejército de El Salvador viene a hacer lo mismo: si bien no se disolvió el Congreso, es bastante cuestionable que el presidente se haya blindado en una institución distinta a la que él se encarga de dirigir. 

El equilibrio de poderes 

No existe una eventual disolución del Poder Legislativo en la Constitución salvadoreña. Al contrario, los diputados gozan de inmunidad y protección parlamentaria. A decir de Efraín Arévalo, abogado constitucionalista de El Salvador, quien además es catedrático en la Universidad Dr. José Matías Delgado (UJMD) y coordinador del área de inconstitucionalidades de la Sala de lo Constitucional en la Corte Suprema de Justicia, “la única vía democrática para que los legisladores pasen factura por sus acciones son las elecciones populares”. 

Como una verdadera hazaña para la democracia del país, la Corte Suprema de Justicia admitió la demanda que dos personas interpusieron por considerar inconstitucional la convocatoria a la plenaria extraordinaria por el Consejo de Ministros. En esta admisión, la Sala de lo Constitucional tomó parte del conflicto: ordenó a Bukele y a su Consejo que se abstuvieran de realizar convocatoria parecida o que utilizaran los hechos que sucedieron el 9 de febrero para elaborar cualquier normativa pues carecería de efectos jurídicos; ordenó al presidente a dejar de usar al ejército con discrecionalidad, pues este tiene funciones que claramente establece la Constitución y, finalmente, ordenó tanto al ejército como a la policía a no ser parte de actos que contravinieren sus funciones constitucionales. 

En su respuesta, el Poder Ejecutivo ha aceptado las órdenes cautelares del Poder Judicial; aunque el presidente más joven de Latinoamérica sigue acechando al  Legislativo.

Efraín Arévalo explica que luego de los hechos del 9 de febrero, hay dos tipos de mecanismos que puede echar a andar el Legislativo para equilibrar el poder: gestionar un antejuicio, que debe ser promovido por el Fiscal de la nación, y la interpelación al ministro de Defensa Nacional y al titular de la Policía Civil, aunque los efectos de la resolución del Congreso terminarían siendo una invitación para que el presidente voluntariamente renueve esos cargos.

Las posibilidades de que el presidente reciba un castigo por atentar contra el Estado de Derecho son prácticamente nulas. Nayib Bukele es experto en el uso de las Redes Sociales, del marketing y la publicidad. Desde que es presidente se han reducido las tasas de homicidios y desapariciones, aunque organizaciones de análisis de criminalidad atribuyen las cifras a causas ajenas a las políticas del presidente. 

La aprobación de Bukele entre los salvadoreños asciende a más del 80 % y su discurso para llevar a cabo la tercera fase de su plan de seguridad tiene, por un lado, en jaque a los diputados y por otro, a una comunidad salvadoreña en el exterior organizándose para recaudar los 109 millones de dólares que el Banco Centroamericano de Integración Económica no le ha podido prestar.

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