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Este año se pondrá a prueba a cientos de oficinas en América Latina que se enfrentan diariamente a nuevas leyes y regulaciones concentradas en materias laborales y económicas / Pixabay
Este año se pondrá a prueba a cientos de oficinas en América Latina que se enfrentan diariamente a nuevas leyes y regulaciones concentradas en materias laborales y económicas / Pixabay

Los directorios legales en tiempos de crisis

Los rankings buscan reinventarse para no perder relevancia durante la pandemia. Para las firmas representa una oportunidad de dar a conocer su capacidad de respuesta a los impactos jurídicos y económicos del virus
por Ian Badiola*
publicado el29/04/2020
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Los directorios legales más reconocidos en el mundo anunciaron hace unos días una serie de medidas especiales y la postergación de algunos de sus plazos de investigación producto del avance de la pandemia del COVID-19. En su comunicación coincidieron en ponderar las extraordinarias y delicadas circunstancias del momento, como también sus efectos para el mercado legal, que ha debido reorganizar su operación de cara al teletrabajo y las audiencias remotas, acelerando la adopción de tecnologías de información y comunicación para mantener su capacidad de respuesta ante los clientes.

En la perspectiva de la asesoría legal, este año pondrá a prueba a cientos de oficinas en América Latina que se enfrentan diariamente a nuevas leyes y regulaciones concentradas en materias laborales y económicas, demandando una oportuna interpretación sobre los alcances de aquellas disposiciones y la forma en que cada cliente lleva a cabo acciones para administrar una crisis que probablemente se prolongará durante este 2020 y buena parte del 2021. Con las urgencias a la orden del día, ciertamente la participación en directorios y rankings legales pareciera pasar a un segundo plano.

Pero desde otra mirada, sistematizar y reportar su actividad durante la crisis puede ser una oportunidad para que los estudios de abogados puedan mirarse y extraer lecciones.

De lo que se trata, en definitiva, es de proponer una pausa para construir el relato corporativo sobre su capacidad de adaptación y reinvención en tiempos de crisis. De poner en perspectiva su estrategia y analizarla con sentido crítico. De revisar cómo se ha comportado su cartera de clientes y los principales encargos que han ocupado su tiempo. De evaluar el grado de adecuación a las necesidades del mercado y sobre cómo han introducido sus servicios y productos en este ambiente. De cómo han mantenido su marca vigente y sobre cómo han atendido a cada persona que ha llegado a golpear su puerta.

¿Estamos siendo suficientemente receptivos? ¿Tenemos la empatía que se requiere para contener a un cliente que puede ver desmoronarse sus proyectos y sueños? ¿Sabemos aconsejar a quienes están desesperados por soluciones? ¿Seguimos siendo competitivos? ¿Somos reconocidos, indispensables, eficaces, cercanos y amables?

Muchas veces se pasa por alto que el ejercicio de postulación a directorios legales supone poner en palabras lo que hemos estado ejecutando en acciones. Volver sobre nuestros pasos y relatar cómo hemos recorrido este camino en tiempos turbulentos es una tarea ambiciosa. Este proceso bien conducido puede representar un potente ejercicio de autoevaluación para ajustar directrices estratégicas y una inversión en gestión del conocimiento, que pone a disposición de todos los integrantes de una firma el resultado de un trabajo colectivo.

Por este motivo, quizás los directorios legales no merecen quedar postergados en un segundo plano para cuando tengamos tiempo o pasemos el momento de mayor dificultad. El solo hecho de construir el relato de una postulación y contar con referencias sobre el desempeño de la firma, haciendo especial mención al valor agregado en la prestación de los servicios a sus clientes, permitiendo a estos enfrentar los retos que van mas allá de informar sobre los cambios en las regulaciones, es fundamental y puede ser tremendamente constructivo en medio de toda esta incertidumbre.

Es una valiosa inversión que pone en equilibrio lo que es urgente y lo que es importante, desplazando el incentivo del reconocimiento a la oportunidad del reconocimiento a base de los servicios prestados donde el cliente debe ser ahora el centro de atención y el asesor externo su aliado.

*Ian Badiola es socio director de Audentia Consultora, Santiago de Chile.

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