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Cambios recientes en el sector fiscal de México
Cambios recientes en el sector fiscal de México

Cambios recientes en el sector fiscal de México

por Tim Girven
publicado el08/02/2017
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Hasta hace poco, la oferta de servicios legales en el sector fiscal mexicano se mantuvo relativamente estable, con el gigante del sector, Chevez, Ruiz, Zamarripa y Cia., S.C., como el punto de referencia para la mayoría de las prácticas legales corporativas que no poseían capacidad fiscal. Algunas firmas corporativas más antiguas, particularmente Basham, Ringe & Correa (actualmente “Basham”) y Santamarina & Steta, ofrecían una reconocida asesoría tributaria como parte de su amplia gama de servicios, pero las nuevas firmas -en general- decidieron permanecer fuera del sector. Sin embargo, la llegada de la administración Peña Nieto, y sus promesas de reformas estructurales, han generado un cambio de paradigma.

Era evidente que la llegada de numerosas firmas extranjeras, principalmente estadounidenses, tendría un impacto en la estabilidad del mercado legal mexicano. Pero pocos previeron que el sector tributario sería el más afectado por los cambios. Jones Day, la importante firma estadounidense de alcance internacional, entró originalmente al mercado mexicano en 2009, pero en 2011 experimentó una reestructuración de su oferta: el establecimiento de servicios fiscales de la mano del entonces asociado y ahora socio, Rodrigo Gómez Ballina, quien antes perteneció a Basham y a la boutique Turanzas Bravo & Ambrosi. La incorporación no recibió mucha atención en ese momento, parecía sencillamente un reflejo del modelo administrativo de Jones Day, con Gómez engrosando el equipo tributario global de la firma. En retrospectiva, no obstante, este pudo haber sido uno de los primeros esfuerzos para garantizar que el bufete que manejase la transacción conservase los beneficios cada vez más altos de los aspectos fiscales de la actividad transaccional mexicana, en lugar de referirlos a especialistas externos -como solía hacerse.

Entre 2013 y 2014, el sector experimentó un movimiento acelerado por diversos motivos: la firma Jáuregui Navarrete, por ejemplo, buscó reconsolidarse luego de la separación de NHG, y se fusionó con la boutique fiscal Del Valle Torres para convertirse en Jáuregui y Del Valle; mientras que las consultoras Ernst & Young (actualmente EY) y KPMG Cardenas Dosal, ambas buscando consolidar su oferta legal, absorbieron firmas boutique especializadas como Tron Abogados y Ortiz, Sosa y Ysusi (OSY), respectivamente, con EY incorporando también a Enrique Ramírez de Chevez Ruiz Zamarripa. Creel, García-Cuéllar, Aiza & Enríquez, también pusieron su atención en Chevez, contratando a Alejandro Santoyo, antes de persuadir a Omar Zúñiga a regresar de Creel Abogados y, además, añadir a Jorge Correa, excomisionado de la AEI y consultor de la OCDE, para conformar un equipo fiscal de veinte personas. En 2014, la oficina mexicana de White & Case contrató a Guillermo Aguayo, miembro de Santamarina & Steta, un referente del sector; y otra firma full-service, Basham, vió al saliente experto fiscal, Luis Ortiz, combinar fuerzas con Gerardo Hernández, exdirector del departamento comercial de la firma internacional, para crear Ortiz, Hernández y Orendain.

Hubo incesantes cambios hasta principios de 2015, cuando Nader, Hayaux y Goebel (NHG) reclutó a Adalberto Valadez (también de Chevez) y Haynes and Boone contrató a Edgar Klee, de la antes mecionada Turanzas Bravo & Ambrosi.

Una vez que firmas tales como Creel, García-Cuéllar, NHG, White & Case y Jones Day incorporasen capacidad fiscal, la próxima firma multidisciplinaria en moverse fue Galicia Abogados, quien anunció a finales de 2016 que contrataría a Gabriela Pellón (como directora) y a Arturo Pérez Robles (como asesor), además de a otros cuatro asociados, los cuales venían de Ortiz, Sainz y Erreguerena (OSE). Esta última firma también vio partir a José Miguel Erreguerena hacia Rizo Garza-Cantú (actualmente Rizo, Erreguerena y Garza-Cantú), reestructurándose como Ortiz Abogados Tributarios, bajo la dirección de Gabriel Ortiz. Por otra parte, Manuel Tron, cuya estadía en EY resultó corta, sorprendió al mercado una vez más cuando se unió a SMPS Legal; con el subsecuente ingreso de Ana Paula Pardo de Hogan Lovells BSTL en marzo de 2015, la firma había establecido tranquilamente un equipo tributario de cuatro socios. Hogan se movió a su vez, contratando a Jaime Espinosa de los Monteros (de Muñoz Manzo y Ocampo), y también asegurando el regreso de Arturo Tiburcio, antiguo socio fiscal que los había dejado para establecer su propia firma. A mediados de 2016, el mercado experimentó aún más cambios significativos, con la noticia de que Ortiz Sosa y Asociados S.C. -también conocida como “OSY” (anteriormente Ortiz, Sosa, Ysusi y Cía)- ha vuelto a prestar servicios de forma independiente luego de que su asociación con KPMG se disolviese.

Ahora, con la reciente incorporación de Oscar López Velarde y Santiago Llano Zapatero (ambos tienen experiencia previa en EY y Chevez, Ruiz, Zamarripa) a Ritch, Mueller, Heather y Nicolau, para dirigir lo que inicialmente será un equipo de nueve asesores fiscales, todas las firmas corporativas importantes han establecido servicios en el sector.

Los últimos años ciertamente han visto un rediseño significativo del mapa de la oferta en el sector tributario. A pesar de que el papel de las firmas boutique especializadas sigue siendo importante, es evidente que ya no son la fuerza predominante que alguna vez fueron; una buena parte de la planificación, estructuración y asesoría fiscal en el aparato corporativo sin duda ha sido capturada por las principales firmas corporativas.

El gigante del mercado, Chevez, Ruiz, Zamarripa ha sido indiscutiblemente presionado por la presencia de las Big 4, por un lado, y por la novedosa y agresiva estrategia de reclutamiento de otras firmas corporativas, por el otro, y aunque ha demostrado una considerable resistencia, hay cierta expectativa de que ajustarán su modelo operativo para adaptarse a las nuevas realidades del mercado. Luego de la sacudida de los últimos años, una notable cantidad de boutiques medianas - particularmente Turanzas, Bravo & Ambrosi; Arias, Meurinne y Rodríguez; y la anteriormente mencionada Ortiz, Sosa y Asociados (un reingreso relevante al mercado), también se mantienen competitivas, así como estructuras especializadas más pequeñas como Rizo Erreguerena y Garza-Cantú, González Luna, Moreno y Armida, y Calo Nicolau y Marquez Cristerna. En el lado corporativo, la competencia sigue siendo intensa, pues las nuevas firmas principalmente enfocadas en transacciones también deben competir con asesores fiscales tradicionales como Baker McKenzie, Basham, Von Wobeser y Sierra, y quizás la firma Mijares, Angoitia, Cortés y Fuentes, parte de Taxand, así como las boutiques y consultoras.

Es importante destacar que todos estos desarrollos, a excepción de los más recientes, fueron planificados y llevados a cabo antes de la posibilidad -y eventual realidad- de la presidencia de Trump. El impacto que este elemento tendrá en las actividades transaccionales en la frontera aún está por verse. Lo que parece cada vez más probable, no obstante, es que con la intención reiterada de Trump de ‘reformar’/reescribir el TLCAN, el sector del comercio internacional -que está necesariamente relacionado al tributario- también sufrirá modificaciones significativas en los próximos años.

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