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Nicolás Maduro. Bigstock

Monedas, criptomonedas y el petro como unidad de cuenta

por Rafael E. Álvarez-Loscher
publicado el10/09/2018
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Hace unos meses escribíamos acá en LexLatin sobre la naturaleza del petro, la supuesta criptomoneda emitida por el gobierno venezolano. Nos cuestionábamos en ese entonces si efectivamente era tal y si tendría éxito.

Hoy estamos convencidos de que el petro no es ninguna criptomoneda, sino una unidad de cuenta. Esto ha sido dicho incluso por las propias autoridades, obligando a la banca a utilizarla como tal, y fijando ciertos precios o valores en dicha unidad. Este esquema no es algo inventado por el Gobierno de Caracas. El precedente ocurrió en Brasil en los 90, cuando el cruzeiro perdía valor cada día  y las autoridades crearon el “real”, más concretamente la Unidad de Valor Real (URV). El plan era que todo apareciera en URV, así los precios seguirían estables y lo único que cambiaría es cuántos cruceiros valía un real.

En el transcurso de estos meses la agencia de noticias Reuters ha emitido un informe especial de Venezuela, en el que afirma que no ha podido encontrar ningún usuario, inversionista o recursos que respalden la moneda. Al mismo tiempo, el presidente Nicolás Maduro declaraba que el petro había recaudado 3.3 mil millones de dólares y que está siendo utilizado activamente. Lo cierto es que no hemos podido ver, acceder, comprar o participar en dicho mercado.

Ahora bien, no queremos decir que no existan dichos recursos. Podemos pensar que, quizá, son inversores privados que han colocado dinero a disposición del Gobierno y que dicha inversión será redimible o pagable por el mismo Gobierno, asignando alguna concesión petrolera o alguna otra figura, simplificando los métodos tradicionales que se usan para estos casos. En ese caso, si tenemos confianza, se lograría estabilizar el problema económico.

Tendría sentido que el dinero nuevo que necesita el Gobierno para ajustar el esquema de salarios y cerrar la brecha fiscal, sea, por supuesto, aportado por estos inversores extranjeros en moneda dura y permita hacer la transición necesaria para no cometer los errores anteriores.

La hiperinflación que vive Venezuela se debe fundamentalmente a tres causas: i) la impresión de dinero inorgánico o ampliación de la base monetaria; ii) la falta de disciplina fiscal; iii) el complicado esquema de controles en la economía, como los controles de precios y del mercado de divisas.

El gobierno ha tomado algunas medidas para recuperar y estabilizar la economía y generar confianza. Aseguró que dejaría de imprimir dinero inorgánico, le eliminó cinco ceros a la moneda - aunque esto sólo simplifica el sistema de transacciones - y ha venido implementando cambios fiscales: incremento del impuesto al valor agregado; incremento de la alícuota del impuesto a las grandes transacciones financieras; también ha reducido ciertos aranceles para la importación de materias primas; y ha generado un plan de incentivos a nivel de renta para las empresas petroleras.

También ha despenalizado la compra y venta de divisas y ha creado un programa de compra de “certificados de lingotes de oro", del cual todavía no nos atrevemos a opinar por la poca información disponible. A nuestro entender, es para que el dinero se “quede en casa” y no se extraiga en divisa al extranjero.

Por otro lado, hay otro tema interesante, y es que el verdadero mercado de criptomonedas sí ha crecido exponencialmente. Según datos de Coin Dance, en el período comprendido del 18 al 25 de agosto, el comercio de bitcoins fue de aproximadamente 300.000.000 bolívares soberanos cada uno. Esta cifra fue de sólo 17.000.000 a principios de abril y ha estado aumentando rápidamente desde entonces. No es sólo por la gran cantidad de bolívares en circulación, sino por los usuarios y transacciones realizadas.

Otras criptomonedas también están aumentando en el país, como Dash, que es el segundo mercado más grande para este activo. El aumento en las transacciones en criptomonedas tiene mucho sentido. Primero se recurre de manera descentralizada a un activo que permita paliar la hiperinflación y las devaluaciones de la moneda local. Segundo, se puede utilizar para el pago de ciertos bienes y servicios (aunque limitado), y finalmente es convertible en mercados internacionales en divisa.

Especialmente vemos que puede ser un mecanismo interesante que la gran migración venezolana - a otros países del continente -, pueda usarlo para enviar algún tipo de remesa descentralizada, sin que pase por el sistema oficial. Aunque esto sea de difícil adopción y también sea necesario que ingrese oficialmente a la economía para complementar el PIB y recaudar divisas para el proceso productivo nacional.

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